¿Es posible la resurrección?

Uno de los eternos deseos del hombre ha sido siempre la vida eterna. Cuando nuestro cuerpo se vuelve frágil, sabemos que nos queda poco tiempo. Pese al avance de la ciencia médica, incluso en tiempos en los que los exploradores viajan a otros planetas y los microrobots operan sin necesidad de intervenciones quirúrgicas, el ser humano no ha podido controlar una de las fuerzas naturales que más pavor le causan: la muerte. Sin embargo, a muchos les surge como inquietud saber si es posible la resurrección.

Durante siglos la ciencia ha estudiado el fenómeno de la cesación de signos vitales en el cuerpo humano y la mejor manera de contrarrestarlos. Aunque fue durante el siglo XVIII cuando se intentó reanimar no con mucho éxito a una persona. El doctor Charles Kite, miembro de la Corporación de Cirujanos de Londres, quien sistematizó sus experimentos sobre reanimación en 1778, fue el primero en intentar reanimar pacientes por medio de un generador electrostático que funcionaba con ayuda de una botella de Leyden, o batería rudimentaria.

Un especialista en cuidados a pacientes críticos, Sam Parnia, comunicó públicamente que existen probabilidades esperanzadoras de revertir el proceso de muerte hasta en 24 horas después de haber fallecido un paciente. Aclaró sin embargo, que las técnicas de la ciencia médica actual no lo permitirían; esto podría verse materializado exitosamente dentro de un par de décadas.

Según Parnia, es posible también que el corazón del paciente pueda volver a funcionar desde un par de minutos luego del deceso hasta 24 horas del mismo. Esta posibilidad da una luz para reanimar y salvar del vórtice de la muerte a muchas personas.

Falla la ciencia al intentar explicar la resurrección

Hasta ahora, la única forma de inmortalidad fehaciente es la conseguida por los egoístas genes que nos empujan a fornicar, muchas veces contra nuestros propios intereses, para tratar de saciar su hambre de eternidad. Sin embargo, durante mucho tiempo, los pensadores cristianos se devanaron los sesos para otorgar una justificación más o menos racional a las promesas de resurrección.

Hasta la Ilustración, muchos científicos compartían la idea de que la religión revelada incluía conocimientos empíricos sustantivos, por lo que la resurrección de los cadáveres era un proceso físicamente posible.

El desarrollo de la ciencia mostró que no era posible explicar el fenómeno de la resurrección sin recurrir a lo sobrenatural y la teología cristiana renunció a apoyarse en las leyes físicas. En un libro reciente sobre la materia, el papa Benedicto XVI, buen conocedor de los esfuerzos estériles de sus predecesores, se refugiaba en el misterio: “Cualquiera que se acerque a las narraciones de la Resurrección creyendo que sabe lo que significa levantarse de entre los muertos, inevitablemente malinterpretará esas narraciones y las descartará como carentes de significado”.

Tras descubrir los nuevos poderes que les otorgaban la nueva ciencia y la tecnología, los cerebros que antes se habían dedicado a la alquimia o la teología no han renunciado a combatir la mortalidad por otros medios.

La medicina regenerativa, que utiliza el poder reparador de las células madre, es una de las vías empleadas para esta pelea con resultados mucho más humildes que los que ofrece la religión, pero tangibles. Algunos, como Ray Kurzweil, predican incluso la posibilidad relativamente cercana de copiar nuestra consciencia en un dispositivo digital para vivir como un cíborg para siempre.